Para ti, relato de un sueño vívido.
La tierra está
seca y rojiza, y un grupo de aproximadamente unas 200 personas de todas las
edades, ya llevamos meses comportándonos como una tribu nómada escapando,
buscando un lugar donde podamos asegurar nuestra existencia. Con nosotros
llevamos animales: los animales de trabajo, las mascotas, y también algunas
especies vegetales en maceteros. Estas son las más preciadas, en este mundo la
vegetación está muriendo por la sequedad, por la oxidación del suelo, lo que
queda hay que cuidarlo, o se acabará el aire.
Hoy el caminar ha sido largo, nos han
prometido que llegando al otro lado de una montaña, unos camiones nos podrán
llevar a una aldea donde podríamos establecernos al menos por un tiempo. Para
pasar la montaña hay que pasar por un par de cuevas y algunas cuestas angostas
y con precipicios, pero la costumbre hace tan normal la travesía, que todos
caminan como si fuéramos de paseo por una playa.
Francisco y yo nos apoyamos, no tenemos hijos
como otras parejas, ya que solo estamos juntos desde que todo esto comenzó.
Pero nos encanta relacionarnos con los niños del grupo, nos dan ánimo para
seguir. Hay una niña, Isabel, que suele andar con su perro Miko jugando, y le
gusta contar chistes, siempre le toma la mano a Francisco mientras caminamos, y
le dice que camine más rápido para llegar luego. Aunque ahora al ver a lo lejos
la planicie con los camiones de transporte, Isabel a soltado la mano de
Francisco y se ha puesto a correr con su perro. No solo es estimulante ver que
los camiones eran verdaderos, sino mas que nada ver que el suelo tiene agua,
sigue el color rojo de la tierra mezclado con el agua, pero el barro en esta
abundancia es algo nuevo para nosotros.
Finalmente,
aunque no sin dificultades estamos todos sobre los camiones de transporte. Pero
por alguna razón, mi sensación no es de bienestar como si parece que fuera la
de muchos. Francisco se sienta a mi lado en el camión, me abraza y me dice
“vamos a poder tener una casa”, yo le sonrió, pero siento que no es algo real.
Pero me conformo pensando que después de todo lo que ha pasado, nadie podría
estar totalmente esperanzado realmente. Los camiones empiezan a subir por un
camino, no es muy largo, pero si es bien sinuoso y pedregoso, lo que hace que
la demora sea más de la esperada. Finalmente llegamos a una aldea.
La aldea sigue
teniendo el paisaje árido que tiene todo el resto del mundo, las construcciones
son precarias y redondeadas, y las plantas siguen estando en maceteros como en
todas partes. La gente se ve tranquila y es amable, están felices de ver que
hay mas que han sobrevivido a lo que sea que le haya pasado a nuestro mundo.
Pero no todo parece precario en la aldea, hay una construcción enorme y moderna
a un costado de la aldea. – Francisco!! Mira eso!! – le digo a mi compañero, y
él me dice – iré a averiguar que es -. Veo a Francisco alejarse de mí. Cuando
el perro de Isabel pasa por mi lado y me distrae, me doy vuelta y en la puerta
de una de las construcciones de la aldea, veo una cara conocida. Es mi amigo,
un amigo doctor que tenía antes en la ciudad. Me acerco y nos saludamos de un
gran abrazo, y le pregunto como esta, como llego a este lugar y que es lo que
me puede contar sobre lo que esta pasando. Y el solo me dice que es el doctor
de pueblo, -“…bueno al menos un tipo de doctor, el de las enfermedades de
siempre, los del gran edificio moderno son los que ven las nuevas anomalías de
nuestro mundo”-. Entonces por alguna razón al escuchar eso me surge una
incómoda necesidad de buscar a Francisco, le digo a mi amigo que debo irme, y
que lo veré después. Salgo corriendo y pregunto a todos por Francisco, hasta
que una señora que no sé quién es, me dice -¿ud. busca al nuevo profesor?,
porque el profesor de los niños se sintió mal, se empezó a ahogar y lo llevaron
al gran hospital- . No sé que pasa por mi mente en este momento, pero ahora me
veo corriendo hacia el gran edificio, e Isabel va corriendo detrás mío junto a
Miko y diciéndome – yo también quiero ver a Francisco- . Entonces miro a Isabel
y le tomo la mano y le digo – Vamos! El también te va a necesitar-.
Llegamos al
llamado gran hospital, y lo único que veo es una recepción y un gran hall lleno de plantas ordenadas en filas, es extraño, no se parece a un hospital
como los que conocía. Me acerco a la recepción y pregunto por Francisco, y la
señorita muy amablemente me dice – me temo que la persona por la que pregunta
está muy grave, debe ir al piso 14 y ayudarlo - , entonces corro junto a Isabel
y a Miko buscando como subir, hasta que encuentro un ascensor.
Llegando al
piso 14, nuevamente encuentro las filas de plantas ordenadas, y de repente en
un costado, este Francisco en una capsula inconsciente. Me acerco a hablarle,
pero antes de que pueda decir nada, una mujer que parece una enfermera me dice
que la siga, y mientras, me dice: – no sacas nada con hablarle a su cuerpo,
tienes que hablarle a su alma, y su alma esta en esta planta, su planta – y luego
me muestra una de las plantas de las filas y me dice – cuida esta planta y
estarás cuidando al hombre que quieres, así cuidas su alma y así estarás
sanando su cuerpo, háblale!!- y ahora sin siquiera cuestionar lo que había
escuchado comienzo a decirle todo lo que siento a la planta, le acaricio sus
hojas, y le sonrió como solía hacerlo cuando miraba los ojos de Francisco. En
eso llega Isabel y Miko que se habían alejado por un momento, llegan con un
vaso de agua y riegan la tierra de la planta de Francisco.
En ese momento
llega nuevamente la mujer y nos dice – Lo están haciendo bien! Su cuerpo ya
muestra una mejoría, tienen que seguir cuidando su alma y se recuperara-

